El castaño

El viento del nordés había venido muchas veces a visitarlo, pero esta vez, a sus noventa años, decidió escucharlo y tumbarse a descansar.
A lo largo de casi un siglo, había visto crecer a dos familias, había disfrutado alimentando tanto a mayores como a pequeños cada otoño, había dado cobijo a muchos animales, había sido testigo de tantas cosas... Sus hijos ya habían crecido y podrían continuar su labor. Sí, sentía que ya era momento de jubilarse y, por eso, cuando el viento del nordés volvió a visitarlo este invierno decidió dejarse llevar. Por una vez, no opuso resistencia y se tumbó, con cuidado, con cariño, respetando el entorno que lo había visto resistir todos estos años. Sabe que lo echarán de menos.

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