Por qué soy fan de Harry Potter

Harry Potter se publicó demasiado tarde. Quiero decir con esto que me hubiera encantado haber descubierto Harry Potter durante mi infancia o incluso mi adolescencia.
Por suerte o por desgracia, ya había cumplido los veinte cuando una amiga me dijo «Lee este libro que, conociéndote, te va a gustar» y me tendió una copia de Harry Potter and the Philosopher's Stone. En apenas unos días se lo devolví emocionada y me dijo sonriendo «¿Te presto el segundo?». Ya se habían publicado cuatro libros de la saga y por aquel entonces yo no tenía ni idea de quién era J.K. Rowling; lo único que sabía era que me había encandilado la historia de ese niño huérfano que busca su lugar en el mundo. Y quería leer más. Cuando terminé el cuarto libro empecé a contar los días hasta el quinto y así sucesivamente hasta que leí el séptimo y último. Qué día más triste.
A mis taitantos años, a menudo me veo en la tesitura de tener que justificar mi afición por Harry Potter. Suelo decirlo con orgullo y, como fan que soy, no comprendo ciertas miradas de sorpresa. Es complicado resumir en pocas palabras por qué me ha encandilado esta historia, así que haré mi pequeño homenaje y lo desgranaré en siete entradas. ;-)
En esta primera entrega, me centraré en un tema: la soledad. Harry Potter es hijo único, sus padres fueron asesinados cuando apenas era un bebé y vivió en soledad hasta que cumplió los once años. Sí, ya sé que vivía con sus tíos y su primo, pero estaréis de acuerdo conmigo en que Harry estaba completamente solo aunque estuviese rodeado de gente durante los primeros años de su vida. Sus familiares no lo querían ni ver y no lo disimulaban nada.  (¡Su cuarto era un mísero hueco debajo de la escalera!) No voy a entrar en la soledad del hijo único, que también es relevante, sino que quiero recordar que los primeros siete años de vida son clave para el desarrollo de la personalidad de un niño. El pobre Harry no sólo está marcado por esa cicatriz en su frente sino por la infancia que sufrió junto a los Dursley. Solo, marginado, raro... el otro. Si lo pensamos en términos de identidad, Harry siempre ha sido el otro, el nuevo, el diferente, el que no encaja.
Afortunadamente, tras superar unos cuantos obstáculos familiares, Harry recibe una carta  y se enfrenta a otro reto: ir a otro colegio y aceptar su identidad. Debido a sus orígenes y a su cicatriz, una vez más, Harry es el raro, el otro. Sin embargo, ese niño delgaducho con gafas es más fuerte de lo que parece y su infancia le ha enseñado a defenderse. Además, en esta nueva vida descubre lo que es la amistad, uno de los sentimientos más valiosos de la raza humana, muggle o no.
Enfrentarse a la soledad, superar los miedos, descubrir lo que es la amistad, aprender a desarrollar su potencial, sentirse protegido y querido, ser parte de algo, encajar, luchar contra el enemigo...
¿Quién no se siente identificado con alguno de esos sentimientos? Y esto sólo es el primer libro.
Harry Potter debería ser lectura obligada en los colegios. (Y en las universidades tampoco vendría nada mal, que más de uno anda escaso de valores...)
Continuará...

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