El abuelo que saltó por la ventana y se largó


«La vida había sido emocionante de principio a fin, pero no hay nada que dure para siempre, salvo, tal vez, la estupidez generalizada».

Un miércoles cualquiera al salir de clase necesitaba desconectar un rato y —como aún era pronto para ir a dar puñetazos al gimnasio— me di un paseo hasta una pequeña librería que me gusta visitar de vez en cuando. Tras echar un ojo a las obras destacadas, me fui a la zona de clásicos en busca de mi querida Jane Austen. Los ojos empezaron a echarme chiribitas al ver una edición especial en español de Orgullo y prejuicio y otra de Sentido y sensibilidad. Siempre me han gustado las ediciones de Penguin Classics, pero nunca había visto una edición en castellano que me convenciese. Éstas eran magníficas. El miércoles, sin duda, empezaba a mejorar. Tras revisar bien los ejemplares y seleccionar uno de cada para mi biblioteca personal, vi que al lado estaban las Letras de bolsillo de la editorial Salamandra y eché un ojo —como buena Potterhead que soy, tengo debilidad por Salamandra— y me topé con El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson. Recordé que una alumna me había hablado muy bien de él y, como ya hacía un par de años que no leía nada de literatura sueca, decidí llevármelo.
Si tuviera que hacer una minicrítica, diría que es una versión sueca de Forrest Gump. La historia principal es la del centenario que se escapa de una residencia de ancianos el día en que cumple un siglo y todas sus peripecias (que son unas cuantas) tras escaparse. Como en cualquier historia de aventuras clásica, el protagonista va encontrando diferentes personajes que se unen a él en su escapada. Al mismo tiempo, nos encontramos con capítulos que nos van contando la increíble vida de este hombre sueco de cien años, al más puro estilo Forrest Gump. Y es que Allan, nuestro prota, ha estado en casi todos los conflictos del siglo XX, bueno, más que estado, ha participado activamente en casi todos ellos. Ha conocido a Franco, ha sido colega de Truman, ha hecho tratos con Rusia, China, han intentado deshacerse de él unas cuantas veces... y ha terminado en una residencia de ancianos, con pocas ganas de celebrar su cumpleaños por todo lo alto.
Si os gusta la historia y no os molesta que la tergiversen un poco, o un mucho, puede que disfrutéis con la parte del pasado de Allan. A mí se me hizo un poco pesada, le pasaban demasiadas cosas, había demasiados personajes y no me enganché con ninguno de los momentos históricos que se relataban. Sin embargo, la historia que tiene lugar en el presente me pareció estupenda y muy divertida. Tanto Allan, el anciano protagonista, como cada uno de los personajes que se va encontrando y se unen a su viaje fomentan el punto humorístico de la historia. Hay ciertos momentos de carcajada, muy pocos, pero el tono cómico se mantiene casi todo el tiempo. El ritmo es dinámico aunque, a mi juicio, lo estropean los capítulos, larguísimos, que relatan el fantástico pasado de Allan. El tono crítico a la autoridad y al sistema judicial es de agradecer entre tanta fantasía.
En suma, es una comedia con un estilo narrativo muy simple, directo, fácil de entender, recomendable para los que disfruten con novelas de aventuras con tintes históricos «forrestgumpianos».
Al terminarlo no he podido evitar sonreír y pensar: ¡Quién pudiera llegar a los cien años con tantas historias que contar!
Jonas Jonasson, El abuelo que saltó por la ventana y se largó. Barcelona: Ediciones Salamandra, 2012.  Traducción de Sofía Pascual Pape. 413 páginas

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