Hacer amigos (¿o son conocidos?)


What if I've spent a decade of my life making the wrong friends?
Alicia Florrick, The Good Wife
A veces uno piensa que está en el contexto adecuado, que encaja, hace amigos y lleva la vida que se supone que debe llevar. ¿Y si todo es falso? ¿Y si, como se preguntaba Alicia, hemos pasado una década de nuestra vida o el tiempo que sea equivocándonos de amigos? Eso pasa. Somos animales sociales y necesitamos rodearnos de gente, nuestro instinto nos dice que eso nos protegerá, nos sentiremos más seguros. Si vemos ciertas señales que nos hacen dudar de esos supuestos amigos, nuestra voz interior nos dirá eso de «Más vale malo conocido que bueno por conocer» y nos quedaremos tan tranquilos. No deberíamos ser tan cómodos e irresponsables. La amistad es algo muy serio.
Existe una clara diferencia entre amigos y conocidos, pero parece que hoy en día está cada vez más en desuso lo de conocido. En algunas redes sociales se puede relegar a los amigos (¿de verdad vuestros doscientos amigos se merecen el apelativo?) a otra categoría, conocidos, con menor acceso a vuestra información. O sea, como alguien a quien conoces de vista y no te interesa que sepa tu vida. Lógico ¿no? Pues parece que no. En esta época en la que el postureo es el pan de cada día, se están perdiendo los amigos; no sólo eso, muchas personas ni siquiera son conscientes de si están haciendo amigos o se están equivocando, pues sólo les importa conocer a más y más gente, como un número, un contacto más. Esta superficialidad está llegando demasiado lejos y confieso que me preocupa. En mi día a día veo que la gente joven no sabe (ni quiere) trabajar en equipo, no sabe debatir ni llegar a acuerdos; sin embargo, pese a no tener afinidad ninguna ni desear compartir ni los apuntes de clase, todos corren a añadirse como amigos en redes sociales para engrosar sus listas de amigos.
Hace tiempo le escuché a una conocida decir que se había apuntado a una actividad «porque es una fuente inagotable de amigos de Facebook». Ojiplática me quedé ante tal afirmación. Como diría aquél, que se pare el mundo que me bajo.
Me entristece que se valore tan poco la amistad, que haya personas que valoren a alguien según el número de seguidores que tenga en Twitter o en Instagram. Me gustaría pensar que son pocos los que opinan así, mas me cuesta.
Volvamos al inicio, a The Good Wife, la magnífica serie protagonizada por Alicia Florrick. ¿Qué relación tiene con mi digresión? Que en ella se combinan todos los elementos del engaño: abogacía, política, poder, manipulación... Un nido de víboras en el que todas buscan lo mismo: ganar, trepar y obtener más poder cueste lo que cueste. ¿Cómo sobrevivir? Alicia nos enseña cómo hacerlo, cómo superar engaños personales y profesionales, cómo utilizar el poder de forma desinteresada, cómo seguir adelante. Su personaje demuestra dos cosas: uno, que lo que no  mata hace más fuerte y dos, que el poder no corrompe si uno no quiere.
A veces hay que pisar el freno y reflexionar, ¿estoy en el lugar adecuado? ¿son estos mis amigos? Si la respuesta es negativa, no hay que tener miedo de cambiar de rumbo y, como demuestra el personaje, volver a empezar todas las veces que haga falta.
Seamos honestos con nosotros mismos. 

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