La tesis de Nancy, de Ramón J. Sender

La tesis de Nancy

La tesis de Nancy es uno de esos libros que han hecho que pensase «¿cómo no lo he leído antes?» por varias razones: es muy divertido, es un clásico y trata sobre cuestiones de identidad.
Me lo habían recomendado tantas veces que no dudé en hacerme con un ejemplar en uno de mis frecuentes paseos por librerías. La edición que me atrajo es esta de Roberto Bravo de la Varga, publicada por Bambú. Es una edición moderna y bonita, con multitud de notas a pie de página, imprescindibles para entender bien la obra –no, no se hacen nada pesadas, todo lo contrario– y cuenta con un magnífico Estudio de la obra al final. En él se analiza la vida del autor, el argumento, la intención y la estructura de la obra, los personajes, los temas, etc. Es un análisis breve, pero muy completo de una obra tan singular como esta.

¿De qué trata?   

En una carta de 1960 a un amigo, el propio autor lo resume del siguiente modo:

Está por salir también (no te había hablado de eso) una novela humorística (género nuevo para mí) titulada La tesis de Nancy que se refiere a una muchacha americana que ha ido a Sevilla a estudiar a los gitanos para escribir su tesis académica. Como puedes suponer hay mil quidprocuos y malentendidos y contrastes graciosos. Pero claro que mantengo el decoro literario y que no es todo reír, aunque como decía Cervantes "hacer reír es tarea de discretos".

Efectivamente, es una obra muy divertida y su formato epistolar, pues es un compendio de diez cartas que escribe Nancy a su prima Betsy, hace que el lector tenga una relación más desenfadada con la historia, algo así como si nos inmiscuyéramos en una conversación ajena para enterarnos de las vivencias de Nancy y todos sus cotilleos de primera mano. Hacía tiempo que no leía una novela epistolar y la he disfrutado mucho.

Además, para un lector del siglo XXI tiene un aliciente adicional: la descripción de la España cañí o, mejor dicho, de la Andalucía de los años 60. A ratos, parece que nos vamos a encontrar con un pasacalles cantando «Americanos, os recibimos con alegría...» por el punto berlanguiano que desprende. Obviamente, se nutre del estereotipo de español que, desgraciadamente, sigue vigente fuera de nuestras fronteras hoy en día, casi ochenta años más tarde. Prefiero no recordar la cantidad de veces que extranjeros me han preguntado si bailo flamenco, echo la siesta todos los días o voy cada semana a presenciar el –lamentable– espectáculo de las corridas de toros, por poner un par de ejemplos.

A ese respecto, La tesis de Nancy es una obra que podría leer cualquier joven de hoy en día sin apenas levantar una ceja por lo que sucede, pues los temas que trata son muy actuales y comunes: machismo, racismo, ignorancia, diversidad, diferencias culturales, promiscuidad, lazos familiares... eso sí, todo de forma humorística. 

Entre todos esos temas, destacaré uno: el machismo. En la obra, los hombres son muy machistas, las mujeres lo son aún más, nacionales y extranjeras, ya que Nancy demuestra un comportamiento de lo más machista a lo largo de toda la novela: su único objetivo es tener un hombre a su lado, en principio ha de ser un gitano, para llevar a cabo su investigación, luego fomenta que se peleen por ella, más tarde se deja querer por un aristócrata local y... finalmente busca un marido estadounidense para tener el futuro y la buena reputación asegurada cuando regrese a su tierra natal. De nuevo, lo más triste de esta novela de los años 60 es que hoy en día sigue muy vigente esa forma de pensar (y si no me creéis, echadle un ojo a cientos de series de televisión, empezando por la famosísima Sexo en Nueva York, cuya última misión –ligeramente enmascarada– era conseguir un marido). 

Lo mejor de la novela

Lo que más me ha gustado son los giros de la lengua y el contraste cultural. Resultan imprescindibles, como mencioné al principio, las notas a pie de página, pues hay cientos de malentendidos que serían difíciles de desentrañar hoy en día sin ellas. Además, recordemos que la historia tiene lugar en un pueblo de Andalucía, en Alcalá de Guadaira, y la singular pronunciación propicia situaciones muy cómicas. Por ejemplo, las carcajadas que me provocó la anécdota de «Herculito» sobresaltaron a unos cuantos a mi alrededor, en una apacible tarde veraniega. :D  

Aparte de las peculiaridades fonéticas, el foco de la comedia está en Nancy y en su deseo de aprender el significado de algunos términos de forma, a veces, obsesiva, como le sucede con «los bártulos». Le consulta todas sus dudas a su gitano, que la vacila, le contesta de forma irónica, con dobles sentidos… y ella aparentemente lo interpreta todo al pie de la letra, lo que da lugar a malentendidos divertidísimos. Digo aparentemente porque conforme avanza la historia Nancy demuestra que no es en absoluto tan inocente como quiere aparentar en sus cartas, más bien se hace la inocente para conseguir su objetivo: conseguir material para su investigación y volver a EEUU a casarse con su novio de la universidad. 

En resumen, una obra muy divertida, con contrastes culturales y lingüísticos constantes, que hará que tanto jóvenes como adultos suelten unas cuantas carcajadas y, quizá, reflexionen sobre una pequeña parte de la España de los años sesenta. 

Sin embargo, la moraleja para el lector de hoy en día es algo deprimente: seguimos viviendo bajo el paraguas del mismo estereotipo español de aquellos años. Está en nuestras manos deshacernos de él.

No hay comentarios

Subir