¿Inmersión lingüística en el mundo 2.0? Misión imposible

Podéis llamarme exagerada o catastrofista, pero os aseguro que sé de lo que hablo: las redes sociales y la permanente comunicación de este mundo interconectado está acabando con la inmersión lingüística.

Llevo más de una década impartiendo cursos de lengua a alumnos extranjeros. Empecé allá por el 2003 y cada año, de septiembre a mayo, pasan por mi aula más de sesenta estudiantes estadounidenses. Vienen con el propósito de mejorar sus conocimientos de lengua española, convivir con estudiantes locales en la universidad, sumergirse en la cultura y, sobre todo, mejorar su fluidez
Son muchas las ventajas del mundo interconectado en el que vivimos ahora, muchísimas, y estoy encantada con todos los avances tecnológicos. Las ventajas de internet son numerosísimas, así como el mundo «sin papel» en el que empezamos a vivir. Soy asidua de las redes sociales —me gusta sobre todo Twitter—, y me encanta poder hablar con la familia y amigos que viven lejos a través de una pantalla. Vamos, que considero que, bien utilizado, el mundo 2. 0 está lleno de ventajas.
Sin embargo, precisamente todas esas ventajas dificultan que la mayoría de mis alumnos desconecte de su mundo, de su cultura, de su lengua y ello impide que muchos alcancen los objetivos que les impulsaron a cruzar el charco: la inmersión lingüística.
Cuando empecé a dar estas clases veía progresos increíbles en mis alumnos: aquellos estudiantes que en septiembre tropezaban con el subjuntivo cada dos por tres en junio mantenían conversaciones utilizando verbos pronominales (en indicativo y subjuntivo) con una soltura que le gustaría a muchos nativos. Claro que, en aquella época, ni siquiera existía Facebook. 
A lo largo de los años he conocido a cientos de estudiantes, he visto sus progresos y me he dado cuenta de que el nivel es cada vez más bajo. ¿Cómo puede ser? En un mundo en el que podemos ver las noticias de cualquier punto del planeta, leer libros y ver películas o series en cualquier idioma, manejar apps que nos ayudan a pronunciar correctamente... Sí, todo eso puede ayudar a mejorar nuestros conocimientos de una lengua, pero es un arma de doble filo, pues la misma tecnología que nos ayuda a mejorar nos impide desconectar.
Sigue habiendo dos o tres alumnos cada año que sí se esfuerzan y aprovechan al máximo esta experiencia vital. Esos alumnos tienen todo mi respeto, pues hoy en día lo tienen aún más difícil. A los demás, la mayoría, les insisto que el tiempo vuela y que muy pronto estarán de vuelta en su país y ya no podrán mejorar su fluidez, que aprovechen los pocos meses que están aquí. 
Más que enfadarme, me apena corregir sus trabajos, presentaciones orales y exámenes, pues están llenos de calcos, expresiones incomprensibles en lengua española, errores de género y número y, cómo no, ausencia de tildes. Volverán a su país con más conocimientos, eso seguro, pero muchos menos de los que podrían haber conseguido si hubieran apagado el teléfono móvil y desconectado de las redes. Una lástima. 
Me pongo en su lugar, pues yo estuve ahí mismo hace años y aún recuerdo mi alegría cuando empecé a soñar en inglés, cuando apenas recordaba mi lengua materna durante el día, pues desayunaba, comía y cenaba en lengua inglesa. Aprendí muchísimo lingüística y culturalmente, me empapé todo lo que pude y volví a mi país con un pequeño tesoro. Yo sí disfruté de esa inmersión cultural: es una experiencia única. 






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